Algunos insectos pueden caminar sobre el agua sin hundirse gracias a la combinación de dos factores físicos: la tensión superficial del agua y la hidrofobicidad de las patas del insecto. La superficie del agua actúa casi como una membrana elástica capaz de soportar el peso del animal sin romperse, siempre que la presión ejercida no supere esa tensión superficial.
El fenómeno se explica por la forma en que las moléculas de agua se unen entre sí mediante enlaces de hidrógeno. En la interfaz entre el agua y el aire, estas moléculas carecen de vecinas por encima, por lo que ejercen una fuerza neta hacia el interior del fluido. Esa fuerza crea una especie de «piel» superficial con una tensión medible, cuya magnitud depende principalmente de la temperatura y de posibles sustancias disueltas.
Cómo aprovechan los insectos la tensión superficial
Insectos como los zapateros (Gerridae), las arañas de agua o ciertas larvas de mosquito no tienen un peso despreciable, pero logran desplazarse sobre el agua porque:
- Sus patas están cubiertas de pelos microscópicos hidrofóbicos que repelen el agua y atrapan aire.
- La superficie de contacto real entre la pata y el agua es muy pequeña, lo que reduce la presión ejercida.
- El animal empuja la superficie creando pequeñas depresiones, pero nunca la atraviesa mientras la tensión no se rompa.
Si la tensión superficial se rompiera, el insecto se hundiría. Por eso, algunos depredadores rompen deliberadamente esa tensión al golpear la superficie, provocando que su presa caiga al agua.
El papel de las patas hidrofóbicas
La hidrofobicidad no es un detalle menor: incluso un insecto ligero se hundiría si sus patas fueran mojables, porque el agua «tiraría» de él hacia abajo. Las patas hidrofóbicas, en cambio, forman un ángulo de contacto elevado con el agua, de modo que la superficie se curva hacia abajo sin mojar al animal. Esto se conoce como el efecto Cassie-Baxter, el mismo principio que se estudia para diseñar tejidos impermeables y superficies autolimpiantes.
Qué ocurriría si se añadiera jabón al agua
Un experimento sencillo para comprobar este fenómeno consiste en añadir una gota de jabón al agua donde camina un zapatero. El jabón reduce la tensión superficial, la superficie ya no soporta el peso del insecto y este se hunde. Este mismo principio explica por qué muchos insectos acuáticos abandonan charcas contaminadas con detergentes.
Curiosidades sobre los insectos que caminan sobre el agua
- Los zapateros pueden detectar las vibraciones producidas por insectos que caen al agua, lo que les permite localizar presas.
- Algunas especies generan un movimiento sincronizado de las patas que les permite impulsarse hacia delante sin mojarse.
- No todos los insectos que caminan sobre el agua lo hacen por el mismo mecanismo: en algunos casos intervienen también burbujas de aire adheridas al cuerpo.
Relación con otros fenómenos físicos
La tensión superficial no solo afecta a insectos, también explica que las gotas de lluvia adopten forma esférica al caer, que el mercurio forme bolas sobre una superficie o que las pompas de jabón tarden un tiempo en estallar. En todos estos casos, las moléculas del líquido buscan minimizar el área superficial y, al hacerlo, generan esa «membrana» característica que permite fenómenos sorprendentes como caminar sobre el agua.
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